Durante el fin de semana de Pascua, visitamos los molinos de Stanley, cerca de Perth. Los impresionantes edificios están situados a orillas del río Tay. La exposición explora con sensibilidad los aspectos polémicos y los éxitos de la interesante historia de la planta textil.
El molino de algodón fue establecido en
1786, durante la Revolución Industrial, cuando los dueños de fábricas en el
Reino Unido dependían del trabajo infantil. El molino de Stanley empleó a 350
personas, de las que el 85% eran mujeres y niños, porque tenían manos más
ágiles y pequeñas, y además porque su labor era más barata que la de los
hombres. Trabajaban turnos de 13 horas al día y tenían solamente 2 días de vacaciones
al año.
Los trabajadores vivían en casas de piedra
situadas en un asentamiento junto a los molinos, en mejores condiciones de vida
que las de la mayoría de los obreros de la misma época. Había una escuela en el
pueblo en 1825, con apenas 70 alumnos que pagaban sus estudios. En cambio, más
de 400 alumnos asistían a la escuela dominical para aprender a leer y escribir
gratuitamente.
En 1833, una nueva ley prohibió el trabajo
a los niños menores de 9 años, y los niños de menos de 13 años tuvieron que
asistir a la escuela durante 2 horas al día.
En los años 1830, aunque el Reino Unido
había abolido la esclavitud, la industria textil siguió beneficiándose del
algodón producido por personas esclavizadas a través del Atlántico. Por
consiguiente, la industria no solo contaba con la mano de obra local barata,
sino también con el trabajo forzoso de millones de personas esclavizadas
africanas y afroamericanas.
El artículo de Julia Morrison en el enlace siguiente describe estas cuestiones y el camino hacia la reforma social en detalle.
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